PRESENTACIONES

Paralelismos entre el abuso psicológico en grupos coercitivos y dentro de las relaciones de pareja

Castaño, A.

Psicóloga. Personal investigador en formación en el Departamento de Psicología Social de la Universidad de Málaga

Se entiende por Abuso Psicológico el maltrato emocional ejercido sobre una persona hasta el punto de generar en la misma un deterioro notable de la autoestima y de la calidad de vida. Aunque esta forma de violencia suele darse en diversos ámbitos y entre distintos roles, las relaciones de pareja y los grupos manipulativos son, según evidencias disponibles, los contextos de mayor prevalencia.

Cabe destacar las similitudes existentes entre las estrategias abusivas empleadas en ambos contextos, así como en lo relativo al propósito del abuso y a las figuras de la víctima y el agresor, sobre todo. En este sentido, lo que el/la abusador/a pretende es ejercer el mayor control y dominio posible sobre la vida de la persona, aislándola socialmente e instaurando en su mente ideas propias de forma gradual y sutil.

A través del empleo sistemático y continuo de estrategias de abuso emocional y de aislamiento entre otras, la parte abusadora busca provocar sentimientos de culpa y desvalorización e intimidar a la víctima. El objetivo es crear en la misma una dependencia total que, en suma a la autoridad impuesta por el abusador, garantice la satisfacción de todas sus necesidades y el cumplimiento de propósitos propios.

La víctima de AP grupal e intradual parece no responder a ningún perfil homogéneo, aunque algunos autores señalan que la vulnerabilidad de ésta se relaciona con variables circunstanciales más que personales (p.ej. contexto familiar disfuncional, adolescencia y juventud, problemas de adaptación social, etc.). Además, recalcan la influencia de factores culturales y/o religiosos que tienden a tolerar o normalizar en muchos casos tales comportamientos abusivos.

En este sentido, las víctimas de abuso dentro de la pareja suelen hacer referencia al hablar de su experiencia a un progresivo aislamiento social y familiar y a una gran dependencia emocional hacia la parte abusadora. Generalmente, relatan haber tenido una gran dificultad para reconocer el maltrato psicológico del que eran víctimas, independientemente de la existencia de episodios de violencia física.

Éste hecho podría compararse con la pérdida de consciencia respecto al abuso que suelen experimentar los adeptos dentro del grupo manipulativo. En este contexto, como en el anterior, la víctima no suele ser consciente de cómo la relación con el grupo (o la pareja) perjudica todos los aspectos de su vida y su futuro, lo que dificulta la desvinculación con el mismo.

En cuanto al perfil del abusador en los contextos de referencia, se observan características de personalidad similares en los líderes sectarios y en el agresor de pareja: falta de empatía, tendencia paranoide, narcisismo y rasgos psicopáticos, entre otras. Éste, suele mostrar deseos de reconocimiento social y dar una imagen amable y abierta al resto de personas con el fin de ocultar sus verdaderas intenciones. La imposición de una verdad absoluta, la humillación y dominación del “débil” y un carácter autoritario y dominante son algunas de las peculiaridades que comparten ambos individuos.

En síntesis, la manipulación psicológica se dirige en los contextos citados a conseguir que la otra persona piense, sienta y actúe de acuerdo a las necesidades y deseos de quien manipula. Cuando el agresor o el líder sectario se percata de la influencia que ha logrado ejercer sobre la víctima, reproduce las técnicas empleadas e introduce nuevas y mejoradas estrategias para garantizar la consecución del resto de propósitos, que en el contexto grupal suelen ser de tipo económico.

En los casos más extremos, podemos observar cómo algunas víctimas entregan literalmente su vida para satisfacer los deseos del líder (p.ej. los suicidios colectivos de Heaven’s Gate o El Templo del Pueblo) a consecuencia de una manipulación severa y prolongada en el tiempo. En la pareja, esta manipulación puede desembocar en lesiones físicas e incluso la muerte a manos del agresor, aunque no en todos los casos el abuso funciona como precedente de violencia física.

Recalcar finalmente la necesidad de una mayor concienciación social que permita la concepción de determinadas conductas en términos de maltrato psicológico, aumentando la visibilidad del problema ante la población, que es a fin de cuentas la que suscita el cambio. Un cambio necesario a nivel legal, sobre todo, que proporcione a las víctimas de esta violencia “invisible” el amparo que necesitan.